Hacia un lugar llamado Justicia

03 de abril de 2017
David V. Maldonado
 
 
Como sabemos, el Poder Judicial de la Federación tiene el resguardo de la Constitución Mexicana, y es a través de sus resoluciones en materia de Amparo donde busca darle forma y sentido a la norma fundamental. Por ello, su función jurisdiccional es fundamental en la conformación de un Estado de Derecho a la que aspira nuestro país.
 
Sin embargo, la búsqueda de la justicia no es un tema sencillo, pues su significado cambia de acuerdo a quien la mira, para algunos la justicia es para los amigos, para otros es una moneda de cambio, para otros más es la perfecta estúpida de quien burlarse, y para unos cuantos es el más noble valor que puede encumbrar el Derecho.
 
En los últimos días se ha puesto en predicamento una resolución judicial del llamado “Juez Porky”, quien ha sido objeto de ofensas, burlas, increpaciones e incluso de la separación de su puesto por el Consejo de la Judicatura Federal, lo anterior, por favorecer a un presunto delincuente. Más que entrar al detalle de la resolución judicial del mencionado juez, quisiera abordar dos temas que se asoman ante este caso, y los cuales me parecen de suma importancia.
 
El primero de ellos, tiene que ver con el absurdo de poner una resolución judicial ante la opinión pública como si se tratara de un concurso de popularidad, donde los “likes” o “twitters” definan si el juez obro o no con probidad; donde cualquier persona alejada del estudio del Derecho emita una opinión sobre la calidad de una sentencia judicial. En este sentido, cabe mencionar que la sentencia del “Juez Porky” será revisada por un Tribunal Colegiado integrado por tres magistrados federales, los cuales serán quienes definan el estado de las cosas.
 
En segundo lugar, merece una profunda reflexión pensar a quien está llevando el Poder Judicial a ocupar los altos puestos de ministros, magistrados y jueces de distrito, pues es bien sabido que los primeros normalmente no llegan por sus méritos, sino por sus compadrazgos con los altos funcionarios del gobierno, e incluso con el presidente de la República. Mientras que es más sabido que en el Poder Judicial de la Federación se vive en un auténtico paraíso del Nepotismo, donde las familias y amigos de magistrados y jueces tienen en sus manos la alta responsabilidad de la defensa de la Constitución, como si la capacidad jurídica se transmitiera a través de la genética.
 
En suma, por una parte no podemos poner el trabajo del Poder Judicial de la Federación ante un escrutinio de popularidad, pues debemos confiar en la preparación y capacidad de sus miembros. Y por otro lado, el Poder Judicial debe ganarse esa confianza al cambiar sus prácticas nepotistas y comenzar a encumbrar a jueces y magistrados con base en la meritocracia.
 
Porque no debemos permitir que los juzgadores se enfermen de ambición, tampoco que se dejen hablar al oído por la delincuencia organizada, menos que sucumban ante el favor o el compadrazgo. En cambio, debemos exigirles que se preparen más, que impartan justicia sin mirar a quién, y que se comprometan a trabajar por nuestras dos madres: la patria y la Constitución.
Autor: David V. Maldonado
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