Lo siento… lo siento tanto…

15 de marzo de 2017
 
Mónica Kuri
 
A lo largo del tiempo mi madre me ha enseñado a sostener los cubiertos de manera adecuada a la hora de comer, a sentarme derecha en la silla del comedor, a caminar con un pie detrás de otro, a no decir groserías cuando hay personas de la tercera edad a mi alrededor, a ser tolerante o por lo menos a no gritar en público cuando me enojo, a poner la mesa con los cubiertos y las copas perfectamente alineados, a leer todos los días por lo menos media hora, a ser coherente con lo que digo y lo que hago, a no sacarme los mocos en público (porque es muy mal visto), a ser empática con el vecino que aunque no lo soporte, si me lleva galletas tengo que darle las gracias; y aunque hemos tenido serios enfrentamientos por culpa de mi valemadrismo y mi necedad por hacerle ver al mundo mis fuertes opiniones, mi madre siempre ha estado ahí para corregirme, acompañarme y protegerme. Tengo la fortuna de contar con una mujer de hierro cuando en realidad soy de las pocas personas que corren con esa suerte. 
 
El 8 de marzo conmemoramos el día internacional de la mujer y fue el 8 de marzo pasado que leí la noticia más aberrante que la prensa pudo escribir jamás… 40 niñas guatemaltecas fueron cruelmente quemadas vivas para callar las protestas contra el Estado, mismo que debió protegerlas y velar por ellas. Cuando leo noticias como esa, la película de mi vida me parece un cuento de hadas imposible de creer. 
 
Vivimos en un mundo infestado de personas asquerosas como las que se atrevieron a prenderle fuego a un cuarto lleno de niñas que no tenían una madre o una familia para protegerlas, niñas cuyo único delito fue alzar la voz para detener la violencia a la que eran sometidas todos y cada uno de sus miserables días, convivimos con gente sin escrúpulos que sin mirar atrás continúan sus días como si 40 vidas humanas no tuvieran ningún sentido. Yo en lo personal odio ese mundo al que estamos sometidos todos por la falta de empatía, por la falta de amor y humildad; y en ese mundo patético al que me refiero, una vida de cuento como lo hace parecer la mía tampoco está exenta de sufrir sus consecuencias. 
 
El tributo a mi madre no debería ser escrito en una columna llena de odio, dolor e impotencia por esas 40 personitas que jamás debieron morir, pero la realidad es que hacer esta comparación me lleva a una profunda reflexión sobre la cantidad de trabajo que nos queda por hacer con nosotros mismos. Hay cosas que marcan y esta tragedia es una de ellas. 
 
A mi madre y a todas las mujeres del mundo no me queda más que decirles que siento mucho que nos haya tocado luchar tanto, que nos hayamos tenido que enfrentar a millones de crueles e impensables situaciones para vivir nuestra vida como queremos, siento tanto que aún se fragmenten nuestros derechos por los complejos de otros pero sobre todo, siento en el alma tener que decirles que nos queda un camino inmenso por recorrer, que nuestras hijas y nietas probablemente tampoco conozcan lo que es la libertad de género y que hoy las batallas son más largas y los resultados menos justos, lo siento. 
 
A todos aquellos que luchan por evitar nuestro éxito, solo les deseo que su misma ignorancia los ahogue en un pozo sin fondo y que su falta de pantalones por competir con nosotras los persiga por el resto de sus vidas… sin ofender a nadie, por supuesto. 
 
Autor: Mónica Kuri
Regresar Sexenio |
Sitio Móvil | Sitio Completo

m.Sexenio.com.mx
© 2014 Grupo Sexenio Comunicaciones