Amor y amistad no solo en febrero

15 de febrero de 2017

Amor y amistad. Dos palabras que siempre van ligadas. Son sentimientos muy delicados y, al mismo tiempo, los más profundos y complejos. Los que nos hacen ver osos en forma de nube, o entender cómo se siente estar en el infierno. Los que nos enseñan a ser leales como a nuestra alma, o los que abren heridas tan profundas con la parte baja del mar. De amor y amistad los más grandes han escrito y aun así difícilmente logramos entenderlo.

Por más que buscamos una explicación nadie puede entender porque nos enamoramos.  Porque llegamos a creer la, quizá absurda, idea de que sin esa persona no vale la pena vivir. Tampoco sabemos a ciencia cierta que nos lleva a escoger a quien le diremos amigo o amiga, porque ciertas personas si y porque ciertas no, porque solo con unos compartimos secretos y con otros somos más amigables vía internet que en persona. El amor es complicado de escribir y dulce de vivir. El amor nos incita a darlo todo aun cuando medio mundo te dice que no lo hagas. El timón lo dirigimos hacia donde el corazón con su brújula nos guía. El amor nunca deja de ser y permanece, los que lo modificamos somos nosotros.

La verdadera amistad nos lleva  a la complicidad, a ser confidentes por elección, a ser incondicionales y a fundirnos en varias carcajadas que se quedan registradas como en videos a perpetuidad. Nos puede confrontar y causar lágrimas, silencios extensos y diálogos dignos que escribir en un libro al que nos gustaría regresar a leer cuando esa amistad se ausenta. La verdadera amistad es una simpatía mutua sin explicación. Es un silencio compartido en un buzón donde lo que sobran son estampillas y sobres blancos para escribir direcciones conocidas.

Alguien que decidió escribirle al amor ya después de haber obtenido un premio Nobel de Literatura fue al mexicano Octavio Paz. Para cuando lo escribió ya había superado las ocho décadas de vida. Su libro “La llama doble” Paz explica que el ser humano solo puede amar a otro ser humano. Ni a la religión, ni al país, ni al futbol. Y a la hora de amar, como tal, amar, tampoco a nuestros padres, hijos y amigos porque en ese tipo de sentimiento falta el “elemento erótico, la atracción hacia un cuerpo”. Para amar realmente se necesitan los “elementos de la pasión amorosa: el descubrimiento de la persona amada, generalmente desconocida; la atracción física y espiritual”. En fin, el acto de elegir una persona entre las muchas que nos rodean.

La amistad también considero tiene mucho de amor. Muchas veces dejamos de hacer cosas con tal de atender a esa persona a la que le tenemos mucho afecto. Por amor lo hacemos. Lo peligroso, si es que así se le puede llamar, es cuando esa amistad supera el grado como tal y aparece el sentimiento erótico, y no digo que este mal, es lo más común del mundo solo que muchas personas no lo corresponden como la otra persona quisiera. En ese momento la amistad y el amor pueden desaparecer en segundos. Lo opuesto es ser correspondido, la base de amistad sirve para que el amor llegue de manera más genuina a tiempo o a destiempo. Jamás elegimos como será. Llega sin tocar a la puerta, entra triunfante como huésped distinguido. Amor y amistad, no solo son de febrero, hay amores y amistades que son para toda la vida. Historias que se viven, se renuevan como agua, lluvia y mar.

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Autor: Carlos Quiñones
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