Violencia intrafamiliar

17 de abril de 2017

 

 

La realidad omitida por los frentes y discursos pro-familia.

¿Acaso el frente por la familia y los pro-familias “tradicionales” conocen que México tiene 20 millones de hogares marcados por la violencia intrafamiliar? Datos provenientes de la Encuesta sobre violencia intrafamiliar realizada por el Gabinete de Comunicación Estratégica del Senado de la República en 2015 muestra que las principales víctimas son mujeres, niñas, niños, adultos mayores y personas con discapacidad. Este panorama no es denunciado por las y los promotores de estos movimientos, ni tampoco han dejado ver su preocupación por develar a la sociedad que las familias están sucumbiendo a la violencia y sus distintas manifestaciones. De momento no hemos presenciado que exista un posicionamiento pro-familia que hable de las estrategias concretas de acción a favor de eliminar cualquier tipo de violencia y su silencio nos hace pensar que es su intención perpetuar las relaciones familiares basadas en la desigualdad, la subordinación de las mujeres e infantes, la heterosexualidad obligatoria y la dependencia económica. La omisión que hacen los frentes por la familia de la preocupante realidad de las relaciones familiares en México es también, en todo caso, un acto deliberado de violencia.

Ante tal panorama, no es extraño que los casos de violencia intrafamiliar sean los más comunes a los que nos enfrentamos en AIDIGE A.C. Entre los casos más asiduos se encuentran los de sustracción de menores, donde el padre separa a los hijos de la madre impidiéndole el contacto con los menores y ejerciendo coerción hacia la mujer para violentarle y controlarle. Otros casos manifiestan un alto grado de maltrato psicológico sobre todo hacia las mujeres donde la pareja las subestima, humilla, maltrata verbalmente y omite sus responsabilidades hacia con los hijos. Otros más son la pérdida de custodia de la madre debido al tráfico de influencias con jueces, además de la falta de perspectiva de género en sus resoluciones. Este último aspecto resulta preocupante pues las lagunas jurídicas en materia familiar impiden el acceso de las víctimas a la justicia siendo la mayoría de las ocasiones las mujeres e infantes los más vulnerados en sus derechos, generando revictimización y haciéndoles más vulnerables ante los agresores.

Todas estas conductas se originan y perpetúan precisamente en un contexto social que reproduce los estereotipos tradicionales sobre las mujeres y los hombres, y cómo deben ser llevadas las relaciones entre ellos. Los conceptos erróneos sobre la abnegación total de las mujeres a sus funciones de cuidadora del núcleo familiar, alejándola de su participación en la esfera pública, la maternidad obligatoria, el alejamiento total del padre en la crianza pero no en el control de los hijos, permanecer en una relación de violencia en la pareja únicamente por seguir mandatos sociales son ideas que han propiciado que la violencia y la desigualdad impidan el correcto desarrollo de ciudadanas y ciudadanos.

De tal forma el Frente pro-familiar y el discurso por volver a los “valores tradicionales” esconde en sus buenas intenciones una miopía cómoda o una incapacidad de crítica inducida en el mejor de los casos, ya que de momento sus manifestaciones multitudinarias no hacen más que mostrarnos a los verdaderos enemigos de las familias.

 

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Autor: Mabel Haro
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